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EL ARCÓN           ► textos   sala de exposiciones   pasatiempos   curiosidades 

 

A LA LENGUA CASTELLANA

Hija de España y Castilla
¡Oh gran Lengua Castellana!
Única en el mundo entero,
tesoro mejor de España.
Si la rosa siempre muere,
el castellano, jamás.
Tú representas a España,
lengua hermosa, inmortal.
El día que tú naciste
ya nunca se olvidará.
De sangre noble, tan noble,
como tu tierra Castilla
eres ya muy admirada,
eres una maravilla.
España del Nuevo Mundo
un día se tuvo que ir,
y sólo el gran castellano
se pudo quedar allí.
De ser lengua de Castilla,
pasó a ser lengua de España,
por sus buenas cualidades,
y sus bonitas palabras.
De la literatura haces
algo bello, inmortal.
De los autores de España
siempre hay mucho que envidiar.
Usada en épocas bien,
y ahora muy mal hablada,
por culpa de juventudes,
y de modas mal sonadas.
Marcas muy bien las fronteras
entre España y lo demás.
Eres la lengua mejor
que hay en el mundo y habrá.
Lengua pura, lengua hermosa,
eres una maravilla,
tesoro mejor de España,
y de tu tierra, Castilla.

LA ROSA ROJA

Rosa roja, rosa hermosa,
maravilla del rosal,
naces libre, naces bella,
y después te secarás.

Rosa blanca, rosa rosa,
tan bonitas, todas son,
pero no más que la roja:
¡esa es la rosa mejor!

¡Oh, rosa de las rosas!
que naciste en el rosal,
eres siempre la más bella.
Eres la rosa ideal.

Eres mi flor preferida,
rosa roja, ser mortal,
que sin poder escapar,
ves a la muerte llegar.

Pero en tu pequeña vida,
muy admirada serás,
y alguien que te quiera mucho,
un día te cortará.

Y algún admirador tuyo,
cuando pretenda arrancarte,
solamente un gran pinchazo,
consigo podrá llevarse.

Y te juntarás con otras,
para cubrir el rosal,
que se juntará con otros,
para el jardín adornar.
 

 

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Estaba desolado. Y no era para menos.
Me quedé un rato mirando mis tropas, y no había nada que hacer. Por un fallo en el flanco derecho habíamos perdido la batalla.
Muchos habían confiado plenamente en mí, pero ya no había solución. La suerte estaba echada.
Todo había transcurrido normalmente al principio. Luego, todavía mejor: el triunfo se decantó hacia nosotros. Estábamos venciendo. ¡Y yo me haría famoso en todo el mundo por ganar aquella batalla!
Mis tropas, siguiendo mis órdenes, no cesaban de hacer maniobras que volvían locos a nuestros enemigos, de pronto, empezaron a retroceder.
Rápidamente me di cuenta de mi gran error, pero ya no había remedio. Tal vez había dado demasiadas órdenes, muchas de ellas innecesarias.
Nos estaban atacando por todas partes, sin cesar. Yo estaba nerviosísimo, y no sabía que hacer. Lo más indicado en ese momento era retroceder y huir.
Pero de pronto ocurrió lo peor. Nos habían cercado por todas partes.
No se podía hacer nada para remediar la situación. Algunos leales soldados seguían luchando y también iban cayendo uno a uno.
Me quedé un rato mirando mis tropas. Sólo quedaban unos pocos soldados. Por una maniobra la batalla se me había escapado de las manos.
Decididamente no había nada que hacer. Le tocaba mover a mi adversario.
JAQUE MATE.


José Luis Macías Pascual
Octavo de E.G.B.



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El pastor

Acababa de despertar, no sé bien que hora sería ,quizás las 6 o 7 de la mañana. Apenas saqué la cabeza de entre la sabanas y como de costumbre el frío arreciaba de forma cruel.
La cama estaba situada en la buhardilla separada aun metro del techo y el frío penetraba incansable por entre la ripia y la teja, claro que, las cuatro mantas zamoranas que me había echado encima pesaban lo suyo y abrigaban lo mío. Hacían posible pasar la noche calentito, lo malo era salir de entre ellas, claro que, entre el sentido de la obligación o quizás más bien por los gruñidos de mi madre que me llamaba insistentemente, me decidí a salir de la cama.
El día no auguraba grandes sobresaltos, después de desayunar unas sopas de leche con algo de café me eché al morral una buena porción de pan acompañado de un torrezno tamaño iceberg. El día se hacia largo, aunque en realidad los días de invierno son cortos pero había que estar bien equipado para hacer frente a la jornada. Hoy toca pastorear las ovejas, más bien pasar frío, porque en realidad estaba todo cubierto por las heladas y las ovejas caminaban sin cesar en busca de alguna hierba u hoja que asomara de entre el hielo para ingerirla. No era tarea fácil para los pobres animales buscarse el sustento ante las adversidades climatológicas y la escasez de medios por nuestra parte para alimentarlas. Yo las seguía a poca distancia esperando que se aburrieran de andar y pararan en alguna parte, así podría intentar hacer fuego al abrigo de una mata, que no era tarea fácil. Lo conseguías siempre y cuando encontrase una escoba seca debajo de alguna peña, las cerillas no estuviesen húmedas y los dedos de las manos no estuviesen inertes. Era vital hacer lumbre para calentarse pues sin ella era difícil soportar las bajas temperaturas a las que nos sometía la inclemencia del invierno.
Al calor de las brasas tostábamos unas rebanadas de pan que untábamos con tocino, aunque fuese rancio algunas veces, pero que con un trago de vino de bota sabia a gloría bendita. Algunas vezes habia suerte de poder compartir la sobremesa con algún otro afortunado que corría la misma suerte que tú. Porque compartir miseria siempre une mas que compartir riqueza.
El tocino y pan nos proporcionaba alguna energía que desgastábamos con mucho gusto. Saltábamos y corríamos como los corderillos cuando acaban de mamar y compiten en sus carrerillas como si de una olimpiada se tratase. Nuestra olimpiada era el maratón por llegar a alguna parte sin saber muy bien la meta.
La tarde ya declinaba como si quisiera anunciar que había cumplido mi misión y que ahora volvería a casa ya de noche. Aún quedaba algo de tiempo para ir a la plaza del pueblo y unirte a otros compañeros para disfrutar del juego, que consistía más o menos en correr de nuevo, e te anunciara que algo iba a cambiar que allá en el horizonte al amanecer un buen día verías, que las ovejas se convertían en bichitos llenos de encanto, o el inverno cruel desaparecía de aquellos lugares o quizás la miseria fuera la antesala de un mundo más justo, donde la única alternativa no fuera abandonar tu propio entorno en busca de algo mejor. Si te conformas con lo que tienes, lo tienes todo.
 


Samaniego

 

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